Como hemos visto hasta ahora, la codicia y la inutilidad de los jefes militares de la república había provocado sucesivas derrotas de los ejércitos de Roma. La muerte de miles de legionarios en menos de 10 años hizo que el reclutamiento de estos fuera imposible con la legislación vigente.
Los cónsules comenzaron a reducir la cantidad de patrimonio exigible a los propietarios para reclutarlos y se volvió a llamar a filas a propietarios que ya habían cumplido su servicio con la república, aún así, todavía hacía falta más soldados. Recordemos que los cimbrios destruyeron las legiones procedentes de Numidia y ya no había más tropas en Italia.
Rápidamente el senado comenzó a reclutar un nuevo ejército entre los propietarios, había que hacer frente a un eventual ataque de los cimbrios, esa era la prioridad. ¿Qué haría Cayo Mario para concluir la guerra en Numidia? Recordemos que era el cónsul y comandante de jefe de la guerra de Numidia, pero no tenía ejército.
La oposición a Cayo Marío, el sector conservador del senado, esperaba que este hiciera justo lo que ellos habían hecho. Rebajar las condiciones de reclutamiento de los propietarios para conseguir un ejército con el que continuar la guerra. Así, Cayo Mario perdería el apoyo de los pequeños propietarios, uno de sus principales activos.
Cayo Mario era consciente de esta situación y tenía en mente otra cosa que sorprendió al sector conservador. Cayo Mario, gracias al control que tenía sobre los tribunos de la plebe y sobre la asamblea plebeya por tanto, consiguió que se autorizara el reclutamiento del capital censi para las legiones romanas.
Era toda una revolución, el ejército republicano se nutría de pequeños propietarios que se pagaban su equipo de combate, ellos luchaban por su tierra. Pero el capital censi no tenía capital ni tierras, no podía costearse el equipo de combate.
Durante momentos de grave crisis en el pasado, por ejemplo tras la masacre de Cannas, Roma reclutó en sus filas el capital censi, incluso reclutó esclavos, pero este no parecía ser el caso.
Cayo Mario además consiguió que el senado pagara la armadura de los nuevos legionarios y les retribuyera sus servicios como soldados, ¡eran los primeros soldados profesionales de Roma!
El Senado de Roma trató de paralizar esta iniciativa pero Cayo Mario lo sorteo a través de la asamblea plebeya. Ya tenía ejército para su campaña en Numidia.
El capital censi recibió con entusiasmo la idea, era una oportunidad profesional para un grupo social sin esperanza. Cayo Mario era consciente de ello y no tardó en prometer tierras para los legionarios del capital censi que se enrolaran a sus órdenes.
El reclutamiento fue un éxito, Mario ofreció al capital censi una carrera profesional con equipo y sueldo abonado por el Senado romano y unas tierras para retirarse tras el servicio militar.  El Senado romano no se percató de la importancia de dar tierra a los veteranos para su jubilación y se opuso a la medida. Con ello solo consiguió fidelidad las tropas a su general, Cayo Mario, quién lucharía por ellos contra el Senado para conseguirles tierras. Este fue un momento clave, si el Senado hubiera garantizado la licencia de las tropas tras el servicio, posiblemente los soldados se habían sentido legionarios del Senado romano y no legionarios de Cayo Mario, a pesar de que el Senado los equipaba y pagaba la soldada.
Cayo Mario consiguió su ejército, y realizó varios cambios. Se estandarizó el equipo de combate, el estado lo proveía y se fabricaba todo igual para todos los legionarios, ahora tenía un uniforme común, la misma túnica, la misma cota de maya, el mismo casco, mismo escudo, mismas glebas, misma espada y mismo pilum.
Realizó cambios en el escudo, ahora era ligeramente más pequeño. Con el nuevo escudo apenas si se perdía protección y era más fácil de transportar. Recordemos que el estado no pagaba esclavos que transportaran la armadura como hacían los pequeños propietarios, ahora eran ellos los que tenían que transportar el equipo y el nuevo escudo facilitaba la labor.
Se modificó también el pilum para que se rompiera la punta fácilmente, así el enemigo no podría usarlas contra ellos.
El nivel de compresión de los nuevos legionarios era muy inferior a los tradicionales, por lo que se creó un símbolo, un águila de plata, al que deberían de seguir de forma ciega en caso de que no comprendieran las órdenes. Esa águila de plata se convirtió en algo cuasi sagrado para los legionarios, debían seguirlo y preservarlo hasta la muerte.
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Manuel Lara, escritor apasionado de la historia. Es Diplomado en Mitología por la Universidad de Harvard en Edx, donde estudió con Gregory Nagy y la de Pensilvania en Coursera donde estudió con Peter Struck. También es diplomado en Historia por la Universidad Hebrea de Jerusalen donde estudio con el Dr Harari. Ha escrito libros de novela histórica como Las laderas del Parnés o La morada de Tántalo, ensayos como Camino de Maratón, La última década o Cuentos cavernícolas.